El hombre que pudo reinar de Kipling.La amistad,la aventura,la masonería en el Imperio Británico.

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En el Blog ,una aventura muy singular,unos personajes inolvidables y una literatura llevada al cine con mucha maestría.Un cuento de Kipling,gran maestro en el arte de contar historias, de la India y otras regiones sometidas al Imperio colonial británico en el siglo XIX .En este caso la obra literaria ha sido superada por su adaptación cinematográfica.Es una historia de ambición desmedida.Es también una muestra del lo que significa colonizar ,conquistar a pueblos considerados “bárbaros,incivilizados e inferiores”.También nos muestra y recuerda como algunas regiones del mundo (el actual Afganistán,Pakistán etc) no se han dejado someter a un poder colonial por mucho tiempo ,y de darse el caso constituyen una auténtica pesadilla para sus “conquistadores”.El Imperio Británico “conquistó” nominalmente esas tierras,pero poco pudo hacer en ellas,La Unión Soviética se estrelló con los afganos y ahora la coalición internacional dirigida por EEUU va por el mismo camino.Las referencias a la Masonería son muy atractivas,pues dan una nota de fraternidad y cooperación humana en un mundo lleno de rivalidades y antagonismos.Las referencias a Alejandro Magno también tiene su interés por la mitificación que se hace de los héroes antiguos ,pues permite comprobar como siglos después se sigue tropezando con la misma piedra.

Cuando el escritor Rudyard Kipling se encuentra trabajando en su estudio, se ve interrumpido bruscamente por un hombre con aspecto de loco, con las ropas destrozadas. El inesperado visitante, que se identifica como un viejo conocido suyo, Peachy Carnahan, le cuenta a un fascinado Kipling las increíbles aventuras que él y su compañero de correrías, Danny Dravot, han vivido en los últimos meses.Danny Dravot y Peachy Carnahan son dos aventureros trotamundos en la India de 1880. Hallándose de servicio en la India, Carnahan y Dravot, dos militares británicos que buscan cualquier modo de hacerse ricos,sobreviven gracias al contrabando de armas, de mercancías y otras dudosas actividades. Planean viajar a la desconocida tierra de Kafiristán. Antes de partir firman un contrato ante Kipling, prometiendo ser reyes de tan remoto lugar. Después de un duro viaje a través del Himalaya, alcanzan su meta justo a tiempo para hacer uso de su experiencia en el combate y salvar a un pueblo de sus asaltantes.Tras ese primer éxito,convencen a un jefe tribal,con ayuda de un antiguo combatiente británico “Gurka”,superviviente de una antigua expedición geográfica. Adiestran a las tribus en el arte de la guerra, consiguiendo un enorme ejército. Aprovechando un hecho casual, Danny se hace pasar por el descendiente de Alejandro Magno, con el fin de robar todas las riquezas de la ciudad. Pero Danny comienza a creerse sus propias mentiras, y pretende quedarse para siempre como rey. Esa obsesión resultará desastrosa para él y para su amigo Peachy, cuando el falso rey es descubierto por su flamante esposa, Roxana.

El libro está aquí:

http://www.acantilado.es/cont/catalogo/docsPot/kipling_relatos_el_pais.pdf
http://www.gutenberg.org/ebooks/8147

La película tal vez aquí:

http://www.megaupload.com/?d=RBZSV0JG o aquí:

La crítica de la película por Moebius:

Rodar esta película significó para John Huston el cumplir con su largo anhelo de llevar a la gran pantalla la obra de Rudyard Kipling The Man Who Would Be King. Le había llevado varios guiones y casi dos décadas el lograr una versión definitiva de la historia, y encontrar a los actores ideales para el proyecto. En un principio Huston hubiera querido tener a Humphrey Bogart y Clark Gable (¡suena realmente bien!), pero el tiempo pasó y su gran amigo Bogart y el orejudo más famoso de Hollywood fallecieron. Se pensó también en Burt Lancaster y Kirk Douglas. El proyecto siguió posponiéndose, hasta que en los 70 Huston contactó con la pareja de actores más famosa de su tiempo, Paul Newman y Robert Redford. Muy acertadamente Newman aconsejó a Huston que contratara a actores británicos. Fue así como se llegó a dos actores cuya química en la gran pantalla era tal que dejaba al Hindukush a la altura de un pequeño guijarro.

La titubeante figura de un mendigo rompe el silencio que rodea al joven periodista Rudyard Kipling. Entre las sombras, una figura apoyada en un bastón avanza pesadamente hacia el sorprendido redactor. El mendigo pide agua para sacir su sed. “¿No me conoce?”, pregunta. Kipling contesta negativamente, y a continuación le da de beber. “Aquí lo decidimos, aquí fue, en esta habitación, ¿se acuerda? Danny  y yo firmamos el contrato y usted fue testigo. Usted estaba aquí, yo ahi, y Danny aquí. ¿Se acuerda?” El periodista por fin le reconoce. “¡Carnehan!”. El mendigo que un día fue un orgulloso británico continúa: “Peachy Taliaferro Carnehan. Siga mirándonme, así no se escapará mi alma.” “¡Carnehan!”, repite un asombrado Kipling. “El mismo”, contesta Peachy, “y no el mismo que estuvo a su lado en un vagón de primera del tren de Marwar hace tres veranos y un millar años”. Y con unflashback hacia una estación ferroviaria tres años atrás comienza una de las películas de aventuras definitivas.
El hombre que pudo reinar narra la historia de una amistad y de una época donde gran parte del mundo era todavía una incógnita y el romanticismo del peligro y lo que restaba por descubrir eran todavía posibles. Era una época en que el hombre blanco confiaba en sí mismo y en su tecnología para abrirse paso entre selvas y montañas y entre pueblos inferiores que estaban destinados a ser dominados por el gran poder cristiano. Y entre el hombre blanco la potencia a temer era Gran Bretaña.

En una India recientemente subyugada por la Inglaterra victoriana un bribón ex-militar y masón, Peachy Carnehan, sobrevive vaciando los bolsillos a ingleses y ricachones despistados. A un joven vestido de blanco, delgado, que lleva gafas y un fino bigote, le roba un reloj de oro mientras compra un billete de tren. Cuando contempla el símbolo que corona la cadena del reloj maldice su suerte. Acaba de robarle a un compañero masón. Cuando intenta devolvérselo el viajero ya está en su vagón. Peachy le busca y se sube al mismo. Allí sabrá que ha robado a un escritor y periodista, Rudyard Kipling. Peachy intentará devolverle el reloj sin que éste lo sepa, pero cuando un indio ricachón suba al vagón acompañado por una sandía sus planes se irán al traste. Ni corto ni perezoso aprovechará para culpar al hindú del robo y tirarlo del tren. Kipling le dirá que echó de menos el reloj en la estación. Pero entre masones, todo se perdona.
Más tarde Kipling se encontará con Danny, un corpulento ex-suboficial de grandes patillas al que el periodista debe entregar un mensaje. Danny y Peachy, ambos ex-soldados del ejército de Su Majestad, tras casi pisar la cárcel por hacer chantaje a un sultán, se reunirán en el despacho de Kipling para que ejerza de testigo en la firma de uno de los contratos más singulares jamás escrito.

Danny y Peachy han arriesgado sus vidas por Gran Bretaña, como tantos otros como ellos, y han ayudado a hacer del país de la Reina Victoria la primera potencia mundial. Sin embargo, su recompensa ha sido la pobreza y el olvido. Orgullosos, descarados y sin un penique (“Tengo buen gusto para el whisky, para las mujeres, para los chalecos y para muchas otras cosas, pero no puedo ejercer”, dice Peachy), ambos han decidido que la próxima vez se jugarán el cuello en beneficio propio. Su plan es cruzar el Afganistán, atravesar el Hindukush y convertirse en reyes de Kafiristán, una región de tribus guerreras. “Por lo visto tienen 32 reyes”, afirma Danny. “Nosotros seremos el 33 y el 34”. “Ningún hombre blanco ha salido de allí con vida desde Alejandro”, dice Kipling. “¿Qué Alejandro?”, pregunta Peachy. “Alejandro Magno, rey de Grecia”, responde el periodista. “Pues si lo hizo un griego lo haremos nosotros”, remata Peachy. Como ya he dicho, la sangre inglesa por aquel entonces se valoraba en kilates.
Es entonces cuando Peachy y Danny firman su contrato ante Kipling, en el que se comprometen a no probar ni el alcohol ni las mujeres hasta que hayan logrado sus objetivos, y prometen repartirse todas las ganancias equitativamente. A pesar de que Kipling crea que son dos locos, todo parece estar bien planeado. La próxima vez que el periodista se encuentre con ellos quedará fascinado por el ingenio de los dos aventureros, pues no se hallará ante dos ingleses sino ante un mago loco y su ayudante. Disfrazados de esa manera cruzarán la frontera junto a una caravana y se adentrarán en Afganistán.

Si en la primera media hora de película hemos asistido sobretodo al retrato de una época y del concepto colonial sobre la vida, mientras comenzamos a atisbar lo estrechamente unidos que se encuentran Danny y Peachy, es a partir de Afganistán donde realmente contemplamos en toda su dimensión la fuerte y peculiar amistad que une a los descastados británicos. Peachy es el ingenio y la prudencia, mientras que Danny es el carisma y el corazón.

Tras sobrevivir a los guerrilleros afganos los dos amigos se adentran en el Hindukush. “Las montañas eran altas y blancas como carneros salvajes. Siempre estaban peleando. Por la noche nos impedía dormir el fragor de sus combates”. Danny queda ciego temporalmente por la nieve y sigue el camino cogido a la cola de una mula. En un momento irreal, los ingleses se toparán con dos gigantes. Cuando descubran el secreto de los silenciosos guardianes, la tierra, que tanto les había maltratado pero que en un azar del destino les había dejado expedito el camino, se hunde tras ellos. No hay vuelta atrás.

En en su paso por las montañas cuando en un momento crucial podemos entender la idiosincrasia de los dos personajes y como su amistad va más allá de lo usual. Atrapados en la nieve y creyéndose ya muertos, los dos amigos rememoran viejas hazañas del ejército, cantan y ríen. Durante mucho tiempo han vivido día a día, y juntos han sorteado muchos peligros y esquivado muchas flechas y balas. Saben aceptar lo que el destino les depare. En ningún momento hay reproche alguno, y ambos esperan el final con alegría. Pero el alud que provocan sus risas les abrirá el camino hacia Kafiristán. El destino juega en su favor a través de su particular visión de la vida y la muerte.

Llegados a Kafiristán Peachy y Danny pondrán en marcha su plan: presentarse al rey del primer poblado que encuentren y ofrecerle sus servicios y sus rifles para crear un ejército moderno y derrocar al resto de reyes. Para ello contarán con la ayuda inesperada de Billy Fish, un gurka que ha servido en las filas británicas y que hará de traductor para los dos ingleses. Fish será lo más parecido a un tercer amigo que puedan encontrar Danny y Peachy. Como comprobarán muy pronto, el rey tiene muchos enemigos, los cuales orinan río arriba cuando ellos se bañan (costumbre muy arraigada entre aquellas tribus como pronto comprobarán). Danny y Peachy no tardarán en deshacerse del patético monarca y ocupar el trono del reino que están construyendo. Llegados al poblado, a Danny y Peachy les preguntan si son dioses. “No somos dioses, somos ingleses, que es casi lo mismo”. Una aseveración colonialista que cobrará una nueva dimensión más adelante. El plan seguirá su curso con éxito, pero todo cambiará cuando Danny, que resulta ileso tras recibir un flechazo, sea tomado por el hijo de Alejandro Magno. De rey, Danny pasará ser considerado un Dios en la Tierra.

Por consejo de Peachy los ingleses prosiguen con el engaño. Antes de partir con el tesoro alejandrino que los monjes del lugar han custiodado durante siglos, los ingleses deben esperar a que pase la temporada del monzón. Mientrastanto, Peachy construye un puente sobre un gran abismo y Danny ejerce su papel de rey divino. El patilludo soldado resulta ser un excelente legislador y reparte justicia “como si hubiera inventado las leyes”, en palabras del propio Peachy. Una vez más, la amistad de los dos británicos se muestra inquebrantable. Tienen claros sus objetivos, y el papel que cada uno desempeña en esa particular asociación. En ningún momento Peachy se queja o muestra malestar alguno por ser de repente un simple ayudante. Danny le pide que le reverencie también para no despertar sospechas. Siendo una petición lógica, Peachy acepta sin más discusión.

Cuando el formidable plan está a punto de cumplirse, una mujer se cruza en su camino. Se llama Roxana, como la mítica esposa del rey macedonio, y Danny quedará prendado de su formidable belleza exótica. Peachy conseguirá quitarle la idea de acercarse a ella momentáneamente, pero las bajas pasiones de Danny comenzarán a hacer mella en la férrea disciplina del hombre-Dios.

El hombre que pudo reinar es un canto a una época perdida y, como ya he dicho, una exaltación de la amistad masculina. Durante todo el film el papel de la mujer es secundario, anecdótico. Fuera de la amistad entre Danny y Peachy las féminas son prácticamente un objeto sexual. Cuando Danny comience a creerse su papel, la importancia de los términos del contrato (en el fondo, casi los términos de la amistad de los dos pillos) saldrá a flote.

Cuando Danny decida permanecer en Kafiristán como el nuevo rey y tomar por esposa a Roxana, por primera vez surgirá una fisura en la amistad de Danny y Peachy. Cuando en su habitación los dos compañeros discuten por primera vez, más que una cortina parece separarles un abismo, tan grande y profundo como aquel sobre el que han construido el puente. El pacto ha sido roto. La ira del dios Imra se cierne sobre ellos. Al traicionar su amistad y violar el contrato, indirectamente Danny ha firmado el destino de él y de Peachy. Aunque éste pretende partir con su parte del tesoro, no podrá negar un último favor a Danny, y asistirá a su boda real para ejercer de padrino. No podía ser de otra forma: como los formidables amigos que son, el destino de Danny estará ligado al de Peachy.

Tanto  Michael Caine interpretando al astuto Peachy como Sean Connery encarnando a Danny se muestran formidables en sus actuaciones, logrando una química en la pantalla mucho más íntima y cercana que la de Newman y Redford. Los dos británicos deberían haber rodado muchos más films juntos, pero supongo que el escaso éxito de la cinta no lo hizo posible. Aunque es difícil destacar entre dos colosos como estos en lo que fueron unos de sus mejores papeles, Christopher Plummer logra obtener su pequeño pedazo de pastel encarnando a Kipling, encajando en el papel con la suavidad y perfección de un guante de seda. Del actor que interpreta a Fish y del que poco se ha vuelto a saber decir que aguanta el embiste de los dos aventureros, y siendo quiénes son ya es decir mucho. Sin duda un personaje entrañable. La bella Roxana es interpretada por la mujer de Caine por aquél entonces (y creo que actualmente siguen juntos), Shakira Caine. Un tipo con suerte, este Michael. Cuando Huston ya casi estaba desesperado por encontrar a su Roxana, él y otros invitados vieron a Shakira en una fiesta y no pudieron sino afirmar que el destino la había puesto allí para ellos.

Una de las constantes en la carrera de John Huston ha sido su intuición para rodearse de buenos guionistas y un particular olfato y saber hacer casi mágico para adaptar obras literarias. Su adaptación cinematográfica de la monstruosa Moby Dick es prueba de ello. En este filme Huston se ayudó de una colaboradora habitual, Gladys Hill, para escribir el guión. La construcción de la historia es perfecta: tenemos acción, aventuras, humor y drama a partes iguales. La impronta de un macho en el sentido norteamericano como era Huston se deja notar en la construcción de esa amistad típicamente masculina y brava que mantienen Danny y Peachy. La labor tras las cámaras de Huston es igual de impecable, manteniendo un ritmo equilibrado en todo momento, dejando que todo fluya de modo natural, desarrollando los personajes al tiempo en que la historia sigue su curso. Una labor de artesanía que no ha tenido el renombre de cintas de aventuras posteriores como la archifamosa de Indiana Jones. No entraré en afirmar cuál es mejor, para mi son todas grandes películas del género, pero sí que creo que El hombre que pudo reinar tiene un romanticismo añejo del que los filmes del arqueólogo con látigo carecen por completo.

En una las más fugaces y extrañas carreras cinematográficas, el vejete que interpreta al sumo sacerdote debutó en el cine a la edad de 103 años. Huston le descubrió mientras el abuelo trabajaba como vigilante nocturno en un olivar. El director le ofreció el papel y el buen hombre aceptó. En los primeros días todo parecía ir bien (no se podía interpretar a un chamán de forma más realista; parecía que el sacerdote hubiera sido contemporáneo del mismísmo Alejandro) pero el equipo pronto notó que el marroquí se dormía en los rodajes. La razón era que el pobre hombre había seguido con su trabajo de vigilante. Huston le hizo ver que con lo que iban a pagarle podía olvidarse de los olivos para siempre. Además, al ver algunas escenas filmadas, el anciano consideró que a partir de entonces sería inmortal. Aquel hombre tal vez fuera un analfabeto vigilante de olivares, pero desde luego supo comprender a la primera en que consistía esto del cine.
El hombre que pudo reinar es una película tan inmortal como el propio cine, una de las joyas de la corona del género de aventuras.

La relación de Kipling con la masonería.

Joseph Rudyard Kipling nació en Bombay el 30 de diciembre de 1865 -falleció en Londres el 18 de enero de 1936. Escritor indio de origen británico. Su segundo nombre hace referencia al lago Rudyard, en Stafordshire, Inglaterra, donde sus padres se conocieron.Su padre (John Lockwood Kipling), un oficial del ejército británico, experto en arte y artesanía indios, lo envió de niño a Inglaterra para que se educara allí. Solo y abandonado en un principio, más tarde recordaría con placer sus años escolares. En 1878, ingresa al United Service College, una escuela de Devonshire, creada especialmente con la finalidad de educar a los hijos de aquellos oficiales sin gran pecunio. En 1882, a los 16 años de edad, fue al encuentro de sus padres, en Lahore, donde su padre se desempeñaba en el cargo de director de la Escuela de Bellas Artes, y durante siete años trabajó como periodista en la India, país al que observó con penetrante mirada; sus escritos periodísticos aparecen periódicamente en La Gaceta Civil y Militar. Sus cínicos poemas de Departamental Ditties (Cantinelas departamentales, 1886), y sus vigorosos relatos, Plain Tales from the Hills (Cuentos de las colinas, 1888), llamaron la atención.En 1889 llegó a Londres (luego de un viaje que lo llevara a recorrer Birmania, Japón y los Estados Unidos) con una carpeta de cuentos y baladas que se convertirían en 1890 en un éxito editorial. Incluían estos trabajos algunas reimpresiones de su obra primera y muchos relatos nuevos sobre la India y el ejército británico; sus Barrack Room Ballades (Baladas del cuartel, 1892), un género nuevo en la poesía inglesa; y una novela autobiográfica suavemente enmascarada, The Light That Failed (La luz que se extingue, 1891). En ese mismo año, en colaboración con Wolcott Balestier, escribe Naulahka.

Fue iniciado en Masonería a los veinte años en la Logia “Esperanza y Perseverancia Nº 782” de Lahore, Punjab, India.
Dedicó su vida y sus escritos a profundizar en la condición de Hombre, y su devenir existencial. Temas todos ellos estudiados dentro de la Masonería.Joseph Rudyard Kipling fallece en Londres el 18 de enero de 1936. sus restos se encuentran sepultados en la Abadía de Westminster.

Un texto de Kipling describiendo su sentimiento y relación con la Masonería:

MI LOGIA MADRE

Vivir la Masonería (Rudyard Kipling)

Allí estaba: Rudle, el jefe de estación Peazley, de la Sección de Vías y Trabajos Ackman, de Intendencia, Donkin, funcionario de la Prisión, y Blake, el Sargento instructor que fue dos veces nuestro Venerable; y también, estaba el viejo Franjee Eduljee dueño del almacén “Artículos Europeos… Fuera nos decíamos: “Sargento” o “Señor”, “Salud’ o “Salam”; dentro, en cambio, “Hermano”, y así estaba bien.

Nos encontrábamos en el Nivel, y nos despedíamos en la Escuadra, Yo era el segundo Diácono. Estaba también, Bola Nath, el contable, Saul, el judío de Aden, Din Mohamed de la oficina del Catastro, el señor Chuckerbutty… Amir Singh el sikh; y Castro, del taller de reparaciones que, por cierto, era católico romano…
Nuestros ornamentos no eran ricos y nuestro Templo era viejo y desguarnecido, pero conocíamos los Landmarks y los observábamos escrupulosamente…
A veces, cuando miro atrás me viene a la cabeza este pensamiento: “En el fondo, no había incrédulos al margen, quizás de nosotros mismos… y, así, cada mes después de la Tenida nos reuníamos para fumar. No nos atrevíamos a hacer banquetes por miedo a forzar alguna norma de cualquier Hermano.
Y hablábamos a fondo, de Religión y de otras cosas. cada uno de uno se refería al Dios, que conocía mejor, y los Hermanos tomaban la palabra uno tras otro y nadie se inquietaba.
Nos separábamos con el alba, cuando se despertaban las cacatúas y los malditos mosquitos portadores de fiebre. Entonces volvíamos a caballo y después de tantas palabras Dios, Mahoma y Shiva jugaban al escondite dentro de nuestras cabezas.
Muy a menudo, desde entonces, mis pasos errantes al servicio del Gobierno han llevado mi saludo fraternal desde Oriente a Occidente.
¡Cómo los recordaba! ¡Y cuántas veces he deseado volver a verlos a todos! A todos los de mi Logia Madre, ¡Cómo querría volver a verlos! A mis Hermanos, negros o morenos, y sentir el aroma de los cigarrillos indígenas mientras deambulaba por allí… el que encendía la luz, y el viejo de la limonada removía por la cocina.
Y volverme a sentir un Masón perfecto. Una vez más, en esta mi Logia de hoy.

Un par de poemas muy famosos de Kipling:

No desistas
Cuando vayan mal las cosas
como a veces suelen ir,
cuando ofrezca tu camino
solo cuestas que subir,
cuando tengas poco haber,
pero mucho que pagar,
y precises sonreir
aún teniendo que llorar;
cuando ya el dolor
te agobie y no puedas ya sufrir;
descansar acaso debes
pero nunca desistir.
Tras la sombra de la duda
ya plateada ya sombría,
puede bien surgir el triunfo
no el fracaso que temías,
y no es dable a tu ignorancia
figurarte cuan cercano puede estar
el bien que anhelas;
y que juzgas tan lejano.
Lucha pues, por más que tengas
en la brega que sufrir.
Cuando todo esta peor,
más debemos insistir!
Rudyard Kipling
Si
Si logras conservar intacta tu firmeza,
Cuando todos vacilan y tachan tu entereza,
Si a pesar de esas dudas, mantienes tus creencias,
Sin que te debiliten extrañas  sugerencias.
Si sabes esperar, y fiel a la verdad, reacio a la mentira,
El odio de los otros te sienta indiferente,
Sin creerte por ello, muy sabio o muy valiente.
Si sueñas, sin por ello rendirte ante tu ensueño,
Si piensas, mas de tu pensamiento sigues dueño.
Si triunfos o desastres, no menguan tus ardores,
Y por igual los tratas como dos impostores
Si soportas oír la verdad deformada,
Cual trampa de necios, por malvados usada.
O mirar hecho trizas de tu vida el ideal,
Y con gastados útiles, recomenzar igual.
Si toda la victoria conquistada,
Te atreves a  arriesgar en una audaz jugada,
Y aun perdiendo, sin quejas, ni tristezas,
Con nuevo brío reiniciar, puedes tu empresa.
Si entregado a  la lucha, con nervio y corazón,
Aun desfallecido, persistes en la acción,
Y extraes energías, cansado y vacilante,
De heroica voluntad, que te ordena ¡adelante!.
Si hasta el pueblo te acercas sin perder tu virtud,
Y con reyes alternas sin cambiar de actitud,
Si no logran turbarte ni amigo, ni enemigo,
Pero en justa medida, pueden contar contigo.
Si alcanzas a llenar, el minuto sereno,
De sesenta segundos, de un esfuerzo supremo,
Lo que existe en el mundo, en tus manos tendrás,
Y además hijo mío: ¡ un hombre tu serás !
Rudyard kipling

Citas de Rudyard Kipling

  • “Al éxito y al fracaso, esos dos impostores, trátalos siempre con la misma indiferencia.”
  • “Entrometerse en el desatino del hombre es siempre una faena muy ingrata.”
  • “La intuición de una mujer es más precisa que la certeza de un hombre.”
  • “Seis honrados servidores me enseñaron cuanto sé. Sus nombres son cómo, cúando, dónde, qué, quién y por qué”
  • “Si encomiendas a un hombre más de lo que puede buenamente hacer, lo hará. Si solamente le encomiendas lo que buenamente puede hacer, no lo hará.”

Obras:

Cuarteto (1884, colección de poemas escritos junto a su madre y hermana)
Cuentos de las Colinas (1888)
De un Mar a Otro (1889)Naulahka (1891, en colaboración con Wolcott Balestier)El Libro de la Selva (1894)El Segundo Libro de la Selva (1895)La Carga del Hombre Blanco (1899)Kim (1900)Puck, el de la Colina Pook (1900)Los Ancianos (1902, donde preanuncia la Primera Guerra Mundial)Canción de la Patrulla (1908, himno del movimiento scout)El Retorno de Puck (1911)Por Todo lo que Tenemos y Todo lo que Somos (1914)

http://www.sean-connery.net/pelis/hombreinar/index2.htm
http://elmejornegociodelmundo.nireblog.com/post/2009/04/29/rudyard-kipling-poemas

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